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Trata a tu jefe como si fuera tu cliente

El INEGI debería agregar una nueva categoría para su nuevo censo económico: “Empatía con el jefe”. Seguramente, cerca del 90% de los mexicanos encuestados dirían encontrarse en algún punto entre “estar en desacuerdo con sus ideas” y “desearle el peor de los tormentos chinos, la peor de las maldiciones gitanas y el peor padecimiento estomacal jamás padecido por algún ser humano”.
Podría pensarse que un cliente es una especie de jefe y, aunque en estricta teoría podría ser así, no lo es. ¿Cuál es la principal diferencia? Tu disposición ante él. Cuando conoces por primera vez a la persona que va a ser tu jefe o tu cliente, sacas a relucir tus mejores atributos para que
creanvean que eres la mejor persona para el puesto. Una vez quete saliste con la tuyate contratan, sacas la garras, te quitas la máscara y muestras el verdadero tú, tal como en el noviazgo, primero la llevas a los mejores restaurantes y aguantas a las superficiales de sus amigas bobas y después la llevas a cenar tacos, en el mejor de los casos, y haces muecas cada que tienes que convivir con las Tres Chifladas.Cuando tu jefe llega y te pide algo, pones cara de “mmmta, pues ya qué”, piensas “¿y por qué no lo haces tú?” y respondes “sí, claro”. Cuando tu cliente te pide algo, pones cara de “por supuesto que sí”, piensas “¡qué bueno, ya tengo en qué ocuparme!” y dices “desde luego, ¿necesitas algo más?”.
Si tu jefe y tú están en desacuerdo en algo, le dices que, obvio, no estás de acuerdo pero no propones una alternativa y, cuando lo llegas a hacer, lo haces un tanto molesto y fastidiato. Si tu cliente y tú llegan a un desacuerdo, cortésmente le dices que crees que la resolución a la que llegó no es la adecuada, le haces una sugerencia (pues tú eres el “experto”) y aceptas lo que sea que decida, aún si se pasó tu sugerencia por el Arco del Triunfo.
Hace unos meses, un cliente me encargó diseñar un blog llamado Mundo Integral y, posteriormente, me pidió que le hiciera unas tarjetas de presentación. Me pidió que el diseño de la tarjeta se centrará en un vortex (remolino), que es la idea alrededor de la cual gira el header del blog. Entré en trance, y comencé a hacer mi trabajo. El resultado lo pueden ver en la imagen que ilustra este post. Según yo, es un diseño bastante dinámico que llama la atención por su originalidad; sin embargo, mi cliente rebotó la sugerencia diciendo que, aunque interesante, él quería algo más conservador.
Las dos horas (porque fue todo un proceso para llegar a ese modelo en particular) que le dediqué a la tarjeta se fueron a la basura, pero con buena cara hice lo que me pidió.
Creo que el secreto para tener una buena relación jefe-subordinado es tratar al jefe como si fuera un cliente: hay que sugerirle ideas, al fin y al cabo tú eres el experto y es él quien toma las decisiones; no eres un soldado, así que no estás obligado a contestar “sí, señor” a cada cosa que te pidan, pero si no estás de acuerdo con algo, debes ser cortés al mostrar un camino alterno y, si aún así no escuchan tu consejo, debes acatar las decisiones tomadas.
Es verdad que para poder mandar debes saber obedecer órdenes. Algún día serás tú el que mueva los hilos, mientras tanto, si bien nadie es indispensable, sí debes hacerte necesario.




