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¿Y el colchón apá?
Además de la comunicación, el amor y el respeto mutuo, creo que uno de los pilares más fuertes en los que se sustenta un matrimonio es un buen colchón. Ríanse todo lo que quieran, pero seguro han escuchado decenas de parejas decir “mi esposo me patea”, “mi mujer me destapa”, “me deja en la orillita”, etcétera.
Antes de casarnos, compartimos nuestra introspección respecto a lo sagrado que es para cada uno de nosotros el ciclo de sueño y concluimos que una cama matrimonial no sería una excelente idea. Jugamos con la opción de comprar un colchón Queen Size, pero eventualmente decidimos aventarnos por uno King, aun cuando no cupiera nada más en el cuarto.
Buscamos y buscamos en varias tiendas hasta que por fin lo encontramos. Ahí estaba, blanco, acolchonado, suave y majestuoso. Nuestro colchón estaba en el Sears de Universidad. Nos costó trabajo decidirnos por ése porque había otra muy buena opción en Dormimundo; sin embargo, el de Sears terminó ganando y lo compramos.
Compramos el susodicho el 8 de mayo porque queríamos tenerlo a tiempo para no tener que dormir en el piso cuando regresáramos de la Luna de Miel. El vendedor nos aseguró que llegaría a más tardar el 20 de mayo. Pasaron los días, llegó la fecha y el colchón no llegó. Llamamos a la tienda para preguntar qué pasaba y nos pidieron paciencia porque el “proveedor no había entregado”.
Accedimos con un poco de molestia, pero no es que tuviéramos otra opción. Nos dijeron que entregarían el 24 ó 25 de mayo. Esos días estaríamos en Cancún, así que le encargamos a nuestros familiares estar al pendiente. Una vez más, el colchón no llegó.
Pasó justo lo que no queríamos: tuvimos que dormir en el piso. Bueno, no en el piso-piso, sino en un colchón inflable tamaño matrimonial. Realmente pasamos una buena primer noche porque estábamos exhaustos por el viaje. Al día siguiente (26) hablamos para ver qué onda.
Una vez más culparon al proveedor, pero nos ofrecieron un 10% de descuento y un obsequio por nuestra espera. Pasamos cuatro noches en el colchón inflable y, finalmente, su majestad, el King Size, llegó el sábado (29) a las 8pm (a pesar que dijeron que lo llevarían a las 2pm).
Irradiábamos felicidad, pero nuestras sonrizas se volvieron coléricas muecas de rabia cuando notamos que el colchón estaba roto. Ipso facto, mi esposa tomó el teléfono y le habló al vendedor. Aparentemente nos lo van a cambiar, pero nos pidieron “paciencia”.
Hoy (31) iremos a ver cómo solucionar el problema. Ya les contaré en qué termina este suplicio. Obviamente, mi percepción de Sears está muy dañada.
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Cuenta regresiva para la boda
Muchos me han preguntado que qué siento de casarme ¿emoción? ¿miedo? ¿nervios? ¿felicidad? ¿alegría? Mi respuesta es “todo”. Los curiosos tratan de presionar agregando “¿pero qué sientes más?” a lo que finalizo “todas”. Es en serio: son muchísimas emociones juntas y es difícil distinguir cuál pesa más.
Asimismo, a varios miembros de la familia les ha dado por contarme los días que me quedan y está bien, pero me di cuenta de que su conteo no es exacto, porque sólo llevan los días ¿qué hay de las horas, minutos y segundos? Así que pensé en hacer un contador en Flash para llevar la cuenta exacta.
Al momento de hacer este post, faltan exactamente 16 días, 23 horas y 55 minutos para casarme. (Es el 21 de mayo a las 7pm). Por cierto, den click en las opciones de vestimenta y armen a su pareja ideal. Nuestra pareja favorita es el Novio Link y la Novia Kokeshi. ¡Ah! Esas imágenes aparecieron en nuestra invitación de bodas, porque quisimos hacer algo geek/puni puni. ¿Qué les pareció?
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Pláticas prematrimoniales
Todo aquel católico mexicano que quiera casarse por la Iglesia debe asistir a unas pláticas prematrimoniales en las que un séquito de parejas con bastantes años juntos dan consejos teóricos y prácticos de cómo comportarse en un matrimonio. Mi prometida y yo fuimos al “curso” el 21 de marzo.
Ya pagué el vestido, di el adelanto de la iglesia y el del salón, pero fue en esas pláticas cuando me cayó el 20 de que estoy por casarme. Es algo muy fuerte, pero ciertamente es algo genial.
Originalmente creí que las pláticas serían impartidas por un sacerdote y pensé “¿qué consejo me puede un religioso si nunca ha estado casado?” Es por eso por lo que mandaron a tres parejas de la tercera edad y dos matrimonios jóvenes a dar los cursos.
En realidad, dijeron lo que mi prometida y yo esperábamos: “piénsenlo bien… es para toda la vida… ni ella le va a quitar lo borracho a él ni él lo fondonga a ella…” y un amplícimo etcétera.
Tres parejas eran X, una nos cayó mal y una nos cayó bien. La pareja que nos cayó bien lleva 44 años de casados. Son un ejemplo a seguir porque después de tantos años, los dos son muy amables, alegres y lo mejor: bromistas. Ella le hace bromas a él, él le juega tretas a ella y los dos se ríen. No se faltan al respeto, no se interrumpen y lo mejor, se nota que aún se quieren.
Ayer (24 de marzo) fuimos a la parroquia de mi prometida a dejar los papeles para las “amonestaciones” y el padre que nos recibió me dijo que creía que íbamos a llega a las bodas de Diamante (75 años) porque “nos veía macizos”. Dios lo oiga, pero no creo llegar a los 100 años de vida. Además, como le dije a ella: “es más fácil si vamos paso a paso”.
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La radio del D.F. huele a viejo
Cuando tenía siete años y mi hermana 17, teníamos fuertes discusiones porque ella quería tener el radio todo el día prendido mientras que yo prefería la TV. “Un día dejarás de ver la tele”, me dijo. “¡Nunca!” Contesté.
Iba en sexto de primaria cuando me encontré con la música aunque, lamentablemente, las primeras estaciones que escuché fueron 97.7 y 101.7, quizá por la mala influencia de mi hermana, quizá porque no tenía ni idea de quién era quién.
Más tarde corregí el rumbo (aunque muchos podrían objetar esa frase y decir que, de hecho, voy de mal en peor) y poco a poco fui tomando mi propia identidad. A pesar de que al principio escuchaba a, perdóname Jebús, Irán Castillo, hoy ni siquiera me acerco a la música en español
Cuélguenme la etiqueta que quieran pero no me gustan las canciones en mi propio idioma provengan del país que provengan porque, según yo, la mayoría de los grupos son copia de otros, así que prefiero ir a la fuente original. Curiosamente, en el apartado de la música electrónica me gustan mucho los talentos nacionales y latinoamericanos ¿por qué? porque suenan exactamente igual que los grandes DJs internacionales. En fin.
Durante mi adolescencia, recurrí mucho a Alfa Radio (91.3) porque, como el buen chico hits que
¿soy?, encontré en esa estación un buen escaparate para conocer lo “último” (más tarde me di cuenta de que lo único que te muestra lo último es la Internet).En realidad, ya no necesito de estaciones que me digan qué escuchar, iTunes, Google y Wikipedia han demostrado ser mejores en la enseñanza lírica; sin embargo, no siempre estoy conectado a Internet, en especial cuando estoy en el coche y es ahí cuando sufro.
No tengo iPod, nunca lo he necesitado, siempre estoy pegado a una computadora sea ésta de escritorio o portátil, pero cuando manejo… estoy solo. Tengo un buen celular al que le caben miles de canciones, pero no me gusta cargarle discos porque soy de los que le dan tiempo para disfrutarlos así que en el trayecto del punto A al punto B busco música más “casual”.
Para mi infortunio, las estaciones que existen en el FM (no sé qué haya en el AM, quizá deba mudarme de frecuencia) o transmiten noticias, banda, campechanean entre música en inglés y español o de plano ponen pura música vieja. Para hacerle competencia al idiota de Mariano, llevaron al [inserte adjetivo sea éste un insulto o una vanal glorificación] Toño a Alfa, estación que hoy es un espacio para los que se quedaron clavados en los años 90. Sólo me queda Beat 100.9
Me encanta Beat, me gusta lo que programan en ella y me caen re bien los locutores (tuve el agrado de conocer a Frank, con quien ocasionalmente intercambio Twitts, correos y, por el motivo de mi boda, llamadas telefónicas), pero la música electrónica es sólo uno de los muchos que me gustan y a veces es empalagoso sólo escuchar Beat. Ya saben, sería como desayunar, comer y cenar chocolates. ¿Y las hamburguesas? ¿Y las pizzas? ¿Y el brócoli?
Por otra parte, el gobierno se niega a dar más concesiones radiofónicas porque “no hay espacio” y tampoco han digitalizado el AM. Por un lado, qué bueno que no lo hacen porque habría más noticias, más banda y más música vieja. Le agradezco a Kami-sama la existencia de Sky.fm, de Radio IO, NME Radio, Idobi Radio y otras estaciones en línea. De no ser por Beat, jamás escucharía nada en el coche.
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